El invierno se va marchando, pero en su despedida, nos ha dejado un día lleno de su esencia. Las primeras pisadas de nuestra marcha han estado llenas de agua, y con un ambiente lleno de humedad, como han sido la mayoría de los momentos de este invierno.
Las subidas hacia los montes del día, llenos de niebla, con un ambiente muy gris, y con la nieve llenando los caminos. Un paisaje totalmente invernal, incluso muy invernal para las cotas que hemos subido.
Pero haciendo valance del día se puede decir que era algo que estábamos deseando. Poder tener un momento de verdadero invierno sobre nuestras cabezas, vivir las estaciones en lo que corresponde, y pasear por la naturaleza en su cualidad.
Una mañana que quedará grabada en la memoria, que nos servirá también para disfrutar en todo su esplendor cuando la primavera ofrezca, igual que este día de invierno, lo más llamativo de su estación. La frondosidad, la belleza y la exuberancia del color.
Nos vamos de este día llenos de agua, de niebla y de nieve, pero también llenos de satisfacción por vivir unos momentos en los que sentir la singularidad del invierno tan solo requiere marchar en pos de lo que nos depare la mañana, y no renunciar a pesar de las previsiones, de los malos augurios, que con humor y determinación se convierten en momentos mágicos. Como los vividos en este último domingo de invierno de 202
