Un cielo cargado de humedad, amenazante, nos ha acompañado durante el recorrido. Los caminos repletos de agua, supuraban barro bajo nuestros pies.
Algunas verdeas colmadas de hierba hacían algo más agradable el camino.
Un paisaje dominado por el agua, casi siempre, al fondo el pantano, dibujaba un reguero de líquido entre gris y azul, reflejo de la cúpula que circulaba sobre nuestras cabezas.
Un terreno a veces inmenso, con pequeñas elevaciones en el horizonte pero que impresiona, que atrae.
Pequeños núcleos de población, en los que es fácil encontrar ascendientes, conocidos o amigos, que dan al panorama un punto de cercanía, de unión con los montañeros que nos hemos acercado hoy a estas tierras.
Después de recorrer sin prisas lo establecido, algunos, hemos continuado con una tradición anual, comer al menos un domingo cada año en una sidrería, y disfrutar de las viandas que nos sumergen en un ambiente de compañerismo y camaradería.
El resto, también han disfrutado del ambiente fraterno, en torno a otros platos, a otros manjares, en otro lugar, de cuyo nombre no quiero…Perdón esto no iba aquí.
Pues eso. Que hemos disfrutado del día, de la excursión y de la compañía.
Os dejo las fotos de Patxi, Iñaki y las mías para recordar los momentos y el día.
Hasta la próxima.
