Es un día difícil para poner una imagen que represente lo vivido durante el recorrido de la mañana. Quizás esta que os pongo de una pequeña pincelada, ese cielo que está entre un si y un no, entre quiero la la luz y las nubes propagan tormenta. Entre ser una mañana limpia de precipitaciones y el fondo cubierto por una capa de nieve.
Así ha sido la marcha, entre el sol brillando de vez en cuando y la oscuridad teñida de nieve en otros momentos. Y lo que la fotografía no transmite. Un viento frío, helador que nos ha dejado momentos en la cara que son todo un poema, Rictus encogidos, tratando de contener el viento con gestos de desagrado, entornando los ojos, recogiendo el cuello entre la ropa.
Pero cuando el sol brilla, aparecen también las flores en perspectiva. Resplandece la primavera entre los almendros engalanados, brotan las diminutas violetas, y se llenan de color los caminos por donde pisamos.
Una marcha entre el invierno que va desapareciendo y la primavera que germina no solo a través del campo, sino también en lo más recóndito de nosotros mismos, haciendo de nuestra sonrisa, de nuestro humor, un trozo más de vida, de renovación, de pura primavera.
Para terminar el día, y como ya se está convirtiendo en costumbre, una comida en la sociedad de Añorbe, donde el buen ambiente ronda continuamente hasta el final de la jornada.
