Una ligera neblina nos ha recibido sobre las calles de Adoain.
El tiempo, cambiante en esta primavera inusual, nos ha vuelto a dar con el sol en la cara. La neblina se ha disuelto en pocos pasos y los nuestros han seguido la senda marcada para disfrutar del sol, de los montes y los caminos.
Hacía días que mis piernas no subían. Y se ha notado en las primeras rampas. Pero poco a poco el las piernas se han ido acoplando al terreno y la visión de los montes desde la cima ha hecho que se nos olvide el pequeño dolor de las extremidades.
Otra cima nos espera en el recorrido, pero lo primero es bajar para tomar la senda. Sin grandes problemas estamos en camino correcto y volvemos a ascender para volver a disfrutar de las vistas, estas más abruptas, más pegadas a un terreno áspero y rugoso donde poner los pies en la cima es importante para no tener un traspiés y caer al suelo, a un suelo peligroso por estrecho y arriscado.
Desde aquí tan solo queda la bajada final, la que nos lleva de vuelta al pueblo desde donde partimos, para regresar y preparar la próxima salida.
A ver si la primavera se porta como hoy y nos revela su esplendor entre las flores que van adornando los caminos por donde pasamos.
Hasta la próxima
