marzo 6, 2026

Un color dorado nos ha recibido en las calles de Sorlada. Casi daban ganas de no andar y contemplar ese amanecer que se iba dibujando en las montañas colindantes. Pero nuestro destino estaba escrito y poco a poco hemos sucumbido también a los rincones que la marcha nos ha deparado.

Las enormes piedras que han jalonado el camino por donde hemos transitado, nos han sorprendido por su esbeltez, y su imponente resalte sobre un terreno lleno de matorral, con muy poco bosque, que les daban a las piedras todavía más relieve.

Nos hemos perdido un poco entre esos muros naturales contemplando su fisonomía, su grandeza. Más hay que seguir. Después de unas, vienen otras y también se muestran a nuestros ojos para su contemplación.

En alguna de ellas, hay grabados que dicen ser rupestres. Este que escribe, es lego en esos menesteres, así que lo dejaremos para los expertos en el tema.

Después de contemplar las piedras naturales, hemos pasado a contemplar como con ingenio y trabajo, se pueden apilar unas sobre otras y conseguir iglesias, catedrales, casas y todo tipo de lugares que permanecen en pie muchos muchos años.

Pero lo nuestro es andar, subir y transitar por caminos, por montes por rutas que nos alegren el día. Así que hemos continuado marcha hasta llegar a destino, disfrutando de lo que la naturaleza del lugar a tenido a bien mostrarnos.

Solo queda mirar con detenimiento las fotografías de unos y otros, en este caso muchas, para recordar los momentos y los lugares franqueados.

Hasta la próxima

 

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