
Hay días que todo se une, se fusiona, se ensambla de tal manera, que el resultado es tan sorprendente como alegre.
El domingo último de septiembre, todos los mimbres que conforman una excursión, se juntaron para ofrecernos unos de esos días inolvidables, llenos de buen humor, entusiasmo y diversión.
Las marchas lo suficientemente largas, cortas y empinadas para andar y sentir el paisaje. El tiempo, sin los rigores del verano y apenas una pizca de otoño, que nos invitaba a pasear. Y al estar cerca de nuestra ciudad, tener suficiente tiempo para las paradas y el deleite de fotografiarnos entre las piedras que sobresalen de su habitat natural.
Es de esos días que quizás lo único que resulta excesivo sean precisamente las imágenes, las instantáneas que reflejan un poco lo que vivimos eses día, esos momentos del día.
Pero ahí quedan, para el recuerdo de un agradable y tranquilo día de monte, casi en unión de todos los participantes.
Os dejo las fotos de Javier, de Maribel y las mías para que, si no tuvisteis bastantes con las mandadas el domingo, tengáis unas pocas más.
También un par de modificaciones de alguna imagen, que uno se divierte como quiere y puede.
Nos vemos el próximo domingo.