
Una densa niebla nos recibe al posar los pies en Ibañeta. La mañana se presenta húmeda, opaca y triste. Tan solo un deseo nos ronda la mente. Que la lluvia no haga acto de presencia. Pero cuando las condiciones son desfavorables, el deseo no se cumple, y la lluvia nos golpea en la mitad del recorrido, haciendo desagradable la marcha.
Entre cima y cima, nos cruzamos con los peregrinos del camino de santiago, que desprovistos de lo más elemental para las condiciones climatológicas, van sufriendo a pesar de sus sonrisas a nuestro paso.
Nosotros, una vez cumplido el recorrido, podemos regresar a una zona más seca y relajarnos antes de tomar la dirección a destino.
El territorio donde hemos transitado, es una preciosidad, pero casi siempre el clima no acompaña para poder disfrutar del entorno. Habrá que volver a pisar las sendas y las cimas en otra ocasión para no dejarnos con este sabor amargo de un día pasado por niebla y agua.