
Por fin la primavera nos ha acompañado en la macha de este domingo. La luz penetrante entre los árboles todavía desnudos produce sombras alargadas que dan al panorama un aspecto fantasmagórico. Se confunden con las piedras y nos hacen dudar de donde estamos. Pero el brillo de la mañana nos impulsa a seguir las sendas marcadas. Y disfrutamos mirando hacia la lejanía.
a nuestros pies,todavía la hojarasca esconde trampas . Hay que seguir mirando sobre el terreno, no despistarse y encontrar el paso adecuado para salir de la maraña que todavía impregna el terreno.
El bosque esconde rincones con encanto, lugares imposibles de reproducir que disfrutamos pasando lentamente por sus rincones.
Pequeñas cimas por el camino nos acercan un poco hacia las alturas, y poco a poco bajamos por anchas veredas hasta el destino del día.
Como hace ya algún tiempo, el grupo se divide, se estira y se convierte en grupúsculos que encuentran sus destinos con más o menos acierto. Nos agrada vivir los paisajes con cierta aventura y disfrutar no solo de lo previsto, sino de lo imprevisto, de lo casual, de lo que al pasar se adivina como interesante.
El próximo día volveremos a sentir el paisaje y si el tiempo y las ganas acompañan, la aventura estará preparada para volver a recorrer caminos no previstos, cimas no programadas, bosques encantados. Pero siempre, terminando a la hora prevista.