
Una mañana marcada por el viento nos ha llevado por las cercanías de Tolosa. Un paseo que en un principio parecía un poco duro por el desnivel de bajada, se ha convertido en un paseo agradable, si quitamos el fuerte viento de la ecuación.
Los primeros pasos, marcados por el ruido constante y lejano de motores rugiendo, más el ventarrón que nos azotaba, nos han puesto un punto de desagrado, que se ha ido marchando conforme llegábamos a la cima. Aunque no hemos podido disfrutar del todo, el placer de llegar compensa los sinsabores del camino.
Después, la bajada no ha sido un camino de rosas, entre otras cosas porque no es el tiempo, pero no ha sido tan asquerosa como pensábamos. Incluso el tiempo por el bosque, una vez calmado el viento, nos ha dejado un gran placer al caminar por sus arterias. El paso ralentizado, contemplando el verdor de su extensión, nos ha proporcionado un deleite que recordaremos unos cuantos días.
La comida, el paseo de algunos por el pueblo, y los momentos de relax antes de subir al autobús, han puesto el punto final a una ruta que podemos repetir, para disfrutar con toda la plenitud que ofrece, si no nos toca de nuevo los vientos casi huracanados de este domingo.