
La decadencia de la nieve se ha visto reflejada en los primeros pasos que hemos dado este domingo final de agosto. Una estación de esquí en un paraje que no invita a quedarse. Todo cerrado, esperando quizás a que la nieve le de una oportunidad para salvar el paraje.
Para nosotros, caminantes, el terreno circundante ha sido un descubrimiento. No necesitamos más que terrenos ascendentes llenos de vida para disfrutar de esa naturaleza. Los pinos centenarios pululaban por la senda dando al entorno una magnificencia espectacular. Y en medio del bosque, un estanque salido de la nada, aportando un plus a la belleza del lugar.
Los montes, al principio llenos de luz, se nos han oscurecido al pasar un poco de tiempo, amenazando lluvia durante el resto de la jornada. Pero no ha llegado. La lluvia se nos ha quedado lejos, dejando las sendas, los caminos y las piedras por donde hemos transitado, como estaban, dispuestas para recorrerlas sin distracciones, sin tener que andar excesivamente prudentes. Las condiciones climáticas suelen cambiar un paseo tranquilo, por otro en el que tienes que estar más pendiente de no resbalarte que de disfrutar del paseo.
Pero hoy, el tiempo ha respetado nuestro camino, y hemos podido recorrerlo sin problemas, admirando un paisaje diferente a lo acostumbrado.
El verano querámoslo o no, está llegando poco a poco a su fin, y en dos salidas más nos encontraremos inmersos en otro otoño, que nos proporcionará una nueva dimensión de los montes y valles que esperamos seguir disfrutando cada domingo.
Mientras, las fotos de ayer para recordar y revivir momentos ya de un pasado, que aunque cercano, pasado se queda.