
Una mañana tranquila. El calor anunciado parecía que no era tanto al comenzar la marcha. Luego, en alguno momentos del camino, apretaba, pero no ahogaba. Pero sirvió para pasar una mañana tranquila. Al menos para el que escribe, que se dedicó a pasear suavemente por las estribaciones del pirineo oscense.
La tan temida calorina nos indujo a cambiar lo previsto para el día, y fue un acierto. Pasear suavemente por estos parajes deteniéndote a contemplarlos, es un placer que debemos hacer más a menudo. Qué importa no hacer cima, qué importa no llegar a las altas cumbres si desde un poco más abajo se percibe la grandiosidad del paisaje.
Lo que importa es detenerse y mirar en derredor. Sentir la poca brisa que el tiempo atmosférico nos regala y contemplar como la vida transcurre. Nosotros vamos pasando rápidamente, pero los montes, los valles, el panorama que tenemos delante, perdurará unos cuantos años más y hay que pararse y disfruta de ello, como hoy, parando un poco en esta tranquila mañana de agosto.