Una fina lluvia nos ha despertado, parecía que el día nos iba a deparar un poco de lluvia, un poco de niebla y una sensación de desagrado al caminar por la ruta prevista.
Pero tan solo la niebla ha impedido ver en toda plenitud el panorama.
Una subida larga nos ha dejado a la altura deseada y poco a poco hemos coronado la cima del día. Entre arbustos que ocultaban su cresta, pero sin excesivas vueltas la hemos hollado.
La bajada hasta la ermita, serena y tranquila, donde hemos podido almorzar en paz y degustar un trozo de bizcocho, regalo de un pequeño grupo de montañeros de Barañain.
El resto, la bajada hasta destino, un tanto abrupta, llena de maleza y de continuos equívocos, hasta encontrar la senda más adecuada.
Una excursión que parecía tranquila, con tiempo, se nos ha llenado de inquietud, en la segunda parte del recorrido.
Para nosotros ha sido una pequeña aventura, una muesca más en la culata de la vida.
Nos vemos el próximo día.
