
No estamos en la selva. Tan solo a poco más de 30 kilómetros de nuestra Pamplona. La humedad del entorno se ha transformado en helechos que de vez en cuando nos llegan hasta la cabeza, dando una sensación de selva al entorno.
También esos bosques cerrados por donde hemos transitado, la cueva visitada y en general el enmarañado discurrir de nuestros pasos han dado esa evocación al ambiente.
Un día intenso en cuanto al recorrido por esas dificultades, aunque el desnivel no ha llegado a suponer ningún contratiempo. Una pega quizás. Nos gusta más los desniveles al principio de la marcha, pero en esta ocasión hemos tenido que sobrellevarlos al final, cuando van menguando las fuerzas y la mente ya está preparada para el último paseo.