febrero 18, 2026

Uno quiere, cuando se llegan a montes emblemáticos, que el tiempo esté a la altura, que la ruta, aunque sea dura y pendiente, termine en una visión espectacular como te la venden casi todos los que anteriormente han subido y disfrutado del momento. Pero el tiempo es el que es, y este domingo, la niebla ha sembrado nuestro recorrido, no permitiendo disfrutar de las vistas, una vez alcanzada la cima del día.

Hemos subido con la niebla y la niebla ha subido con nosotros, arrastrando esa capa de opacidad que una vez en la cumbre, tan solo nos ha dejado entrever unas montañas al fondo durante escasos segundos. Apenas hechas las fotos de rigor, en un pequeño espacio claro y transparente, de nuevo todo se ha cubierto de niebla y ya no hemos podido disfrutar de ese sol primaveral que ilumina en otras ocasiones el entorno.

La subida por el lado más pendiente, ha estado bien, quizás el hecho de no ver mucho más allá de nuestros compañeros de fatigas, nos ha permitido subir sin pensar en lo empinado y peligroso del camino lleno de las grandes masas de piedras que jalonaban la ruta.

Para terminar, también entre la niebla, la última cima del día, esta vez en un grupo más grande, y con la alegría de la finalización más cerca.

Habrá que volver para encontrar las montañas perdidas entre la espesura de la niebla, para sentir de nuevo lo que otros ya han sentido, para vivir la experiencia y disfrutar del esplendor de la naturaleza en plena primavera y dejar que la niebla vuele a otras latitudes y en otros momentos, en los que encontrarnos con ella no suponga tanta desilusión como la de este domingo en la cima del mítico Anboto.

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