marzo 6, 2026

Transitar por veredas cargadas de verdor, en mañanas bañadas por el sol, es a priori, una delicia para los sentidos. Cuando desde abajo ves el panorama al que te enfrentas, un impacto de placer recorre todo tu cuerpo, y ya te ves disfrutando por esas sendas que se perciben desde la distancia.

Pero el panorama cambia cuando te enfrentas con algunas realidades que no estaban, que no cabían en ese momento en tu imaginación. Un sin fin de árboles caídos dificultan tus pasos, la senda se hace intransitable y la vista no alcanza para encontrar la salida al laberinto de maleza que domina el monte.

Pero sabes que terminará, y poco a poco regresas a la senda. Ahora te enfrentas a algo que ya sabías, esas subidas cargadas de piedras, un terreno serio y rugoso donde hay que mirar cada paso. Pero la luminosa mañana te acompaña y vas disfrutando hasta la cumbre, donde lanzas la mirada alrededor para llenarte de esos paisajes imposibles de ver desde otras latitudes

Ahora toca crestear, subir y bajar pequeños promontorios hasta llegar al camino de vuelta. Una pequeña excursión en tu cabeza, un paseo con pequeñas dificultades pero atractivo a la vista. Craso error. Lo que ves en perspectiva desde un punto elevado, es casi tan inútil como verlo desde abajo. Hay que observarlo sobre la marcha. En cada recodo del camino, por llamarle algo, se esconden pasos casi imposibles, piedras resbaladizas esperando un mal paso, maleza prieta que impiden ver por donde pasas y un sin fin de obstáculos que dan a la marcha un punto de tensión que cansa más que lo realizado hasta el momento.

Pero todo tiene un desenlace. Una pista pone fin al traqueteo de la cresta y tan solo queda bajar decididamente, ahora si, con velocidad, hasta la conclusión de la etapa del día.

Balance de situación de la marcha una vez terminada. Un par de caídas sin importancia, y algún dedo que no quería seguir la expedición.

Balance del recorrido. Una mañana calurosa, espléndida y un paisaje para transitar con más calma, con más tiempo, para poder disfrutarlo sin estar pendientes de la hora para terminarlo.

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